Israel tras las elecciones: Un Sistema político trabado.

07 de Octubre de 2019

 

El 17 de septiembre de 2019, la sociedad israelí acudió, por segunda vez, este año, a las urnas. Esto se debió a que tras las elecciones del 9 de Abril 2019, Benjamín Netanyahu – Bibi – líder del partido Likud y del bloque de derecha, no logró formar un gobierno de coalición y convocó a la Knesset – parlamento de Israel – a votar por su auto-disolución. Los resultados de aquella elección habían demostrado que el sistema político israelí estaba trabado y que ni partidos políticos, ni bloques de partidos lograban destrabarlo.
Con estos resultados, el bloque de derecha, liderado por Netanyahu y compuesto por los parlamentarios elegidos del Likud, Shas, Judaísmo de la Torá Unido, Unión de Partidos de Derecha y Kulanu, llegaba a formar una coalición de 60 escaños. Avigdor Liberman, ex-ministro de seguridad, quien había renunciado meses antes, generando la crisis de gobierno que llevó a las elecciones de Abril 2019, se negó a unirse a la coalición de Netanyahu, adoptando una posición secularista que lo enfrentaba a los partidos ultra-ortodoxos ya que exigía el reclutamiento, por ley, de los jóvenes estudiantes de los colegios rabínicos al ejército de Israel y la libertad de apertura de comercios y funcionamiento de transportes, durante los sábados – el shabbat, día de descanso bíblico mandatorio. Esto hacía imposible una coalición de derecha que uniera Israel Beiteinu – partido originario del voto de los inmigrantes ex-soviéticos a Israel – con los partidos ultra-ortodoxos. Ante esta situación, Netanyahu, incapaz de formar un gobierno de coalición, en vez de devolver al presidente de Israel el mandato de formar un nuevo gobierno, para que este pudiera encargar esta tarea a Benny Gantz, líder de Azul y Blanco, el partido opositor al Likud que también había logrado 35 escaños, convocó al parlamento a votar por su auto-disolución. Esto significó que se llamaba a nuevas elecciones – la segunda elección en un mismo año, sin precedente en la historia de Israel – y se estableció que se realizarían el 17 de Septiembre de 2019.
En un país que mantiene una seria disciplina fiscal, como Israel, pero en el que decisiones populistas y otras crean fuertes presiones deficitarias en períodos pre-electorales, pagar en un años el costo de dos elecciones puede acarrear graves consecuencias. Se calcula que el Israel el costo presupuestal directo de una elección gira alrededor de los 126 millones de Euros. Siendo el día de la elección feriado, para posibilitar el voto a todos los habitantes del país - aunque el voto no es obligatorio – la pérdida en producción y salarios de feriado se estima entre los 505 y los 650 millones de Euros. De aquí que muchos sectores insistieran sobre el hecho de una segunda elección en 2019 significaba un gasto inútil ya que estaba claro que aunque aumentase el porcentaje de votantes, los resultados no cambiarían radicalmente. Más aún: Tras la elección de Abril 2019 quedaba claro que la llave de toda futura coalición no estaba en manos de los líderes de los dos grandes partidos (Likud y Azul y Blanco) sino en las de Avigdor Liberman (Israel Beiteinu) quien inició una campaña electoral secularista, llamando a los dos grandes partidos a formar, junto al suyo, un gobierno liberal secular que pusiera fin a la capacidad de los partidos religiosos de imponer lo que en Israel se denomina la "cohersión religiosa" y la adquisición-extorsión de presupuestos no proporcionales a su tamaño electoral y representativo, por parte de los partidos religiosos. A esto, pese a su propio nacionalismo territorialista - habita en el asentamiento de Nokdim, en Cisjordania – Liberman agregó a su discurso un tono anti-mesiánico y exigencias de compensación social para los ex-inmigrantes judíos de la Unión Soviética, la mayoría de los cuales no poseen derechos de jubilación y viven una vejez precaria y penosa en Israel, por falta de recursos.
Sin embargo, el tema central de la elección de Septiembre 2019 no era ideológico, ni tampoco de satisfacción de necesidades o intereses de segmentos diversos de la sociedad israelí actual, sino la supervivencia en el poder de Bibi Netanyahu. El primer ministro israelí, en ese cargo sin interrupciones desde 2009 y siendo la persona que más tiempo ha servido en ese cargo en su país, se enfrenta a graves problemas de carácter judicial ya que ha sido investigado por la policía por tres casos de corrupción. El 2 de Octubre 2019 debe presentarse frente al fiscal general de Israel para una audiencia, tras la cual se decidirá si Netanyahu irá a juicio por los casos de corrupción de los que ha sido acusado e investigado. La posibilidad de obtener inmunidad parlamentaria para evadir estos procesos, depende directamente de los resultados electorales y que Netanyahu logre formar una coalición estable. La campaña electoral polarizada, a favor y en contra de Netanyahu incluyó muchos temas de política interna e internacional, siendo el argumento central del líder de la derecha israelí que las acusaciones de corrupción no tienen base real y su origen es puramente político. Pero la táctica de Bibi fue centralizar otros temas, encabezados por el enfrentamiento con Irán y sus aliados (Hizbolá en Líbano, Hamás y Jihad Islami en Gaza) y los logros internacionales de Netanyahu en términos de buenas relaciones con Donald Trump, Vladimir Putin, Boris Johnson, Viktor Orban, Jair Bolsonaro, Mateo Salvini y otros líderes de derechas, a veces nacionalistas, con tintes populistas. En este sentido Bibi ha atacado, en el mejor de los estilos populistas, a las instituciones democráticas del estado y la separación de poderes, clamando que el zenit de la democracia radica en la imposición de la voluntad popular. Sus ataques contra la corte suprema, el sistema judicial, las investigaciones policiales, la contraloría y todo lo que limite el poder del gobierno central y su líder, así como nombramientos favorables a su persona y posición en el gobierno y la alta administración pública. A esto se sumó una fuerte campaña por parte del Likud y la derecha en general contra la participación política democrática de la población árabe israelí que suma potencialmente alrededor de 20 % del voto y la deslegitimización de la izquierda israelí – judía y árabe – como traidora a los ideales sionistas.
El nacionalismo religioso mesiánico se unió bajo el liderazgo de Ayelet Shaked en un nuevo partido llamado Yemina - Hacia la Derecha. Por un lado la derecha favoreció la entrada electoral de Otzmá, un partido de ultra-derecha racista anti-árabe liderado por Itamar Ben Gvir, heredero ideológico de Meir Kahane quien fue elegido a la Knesset y luego la corte suprema le prohibió la reelección en base a la legislación antirracista, en 1988. En este caso, la derecha negoció con Ben Gvir pero hacia las elecciones Netanyahu llamó a los votantes de este grupo a abandonarlo y votar por Likud ya que según éste, Otzmá no lograría superar la valla de entrada parlamentaria y sus votos se perderían para el bloque de derecha. Aquí hay que señalar que la principal traba del sistema político israelí, derivada de su fraccionamiento en pequeños partidos que conforman bloques-coaliciones de gobierno reside en que para ensanchar el bloque coalicionario es necesario incentivar el crecimiento de los partidos pequeños del mismo bloque, pero por otro lado, dentro del bloque, esto resta votos al partido líder. Siendo que el presidente de Israel puede, tras consultar con los líderes de todos los partidos políticos representados en la Knesset, llamar al líder del partido con más votos, o al líder del bloque con más escaños, a formar el nuevo gobierno tras las elecciones parlamentarias, la contradicción entre partidos líderes y pequeños en el mismo bloque, es irresoluble. Esto también se debe a que la valla de entrada a la Knesset 3.25% del voto válido es alta para los partidos pequeños pero no para los medianos. No casualmente esta valla fue impuesta a Netanyahu por su entonces canciller y socio de coalición, Avigdor Liberman, en Diciembre de 2013.
En la izquierda israelí – o la posible coalición contra Netanyahu – se produjeron 3 alianzas. La principal fue la de los partidos árabes que se presentaron a la elección de Septiembre con una Lista Unificada liderada por Ayman Odeh. También se produjo una alianza del Laborismo, Liderado por Amir Peretz con el Partido Guesher – Puente - de Orly Levi. La Unión Democrática fue compuesta por Meretz, liderado por Nitzán Horowitz y los seguidores de Ehud Barak.
Quizás el punto más bajo y peligros de la campaña electoral ocurrió en la noche del Martes 10 al Miércoles 11 de septiembre cuando durante un mitin electoral pre-anunciado – contra toda norma de seguridad que revela visitas de altas personalidades israelíes a zonas atacables con misiles desde Gaza, sólo después que éstas tuvieron lugar – de Netanyahu con sus seguidores en Ashdod. Durante el discurso de Bibi, sonaron las alarmas y el primer ministro fue retirado por su guardia de cuerpo, de la sala del mitin a un lugar protegido. Esa noche se realizaron consultas a iniciativa de Netanyahu para lanzar una operación que podía resultar en una guerra, contra Gaza. El jefe del estado mayor y el comandante del servicio de seguridad se opusieron a la iniciativa pero quien detuvo el proceso fue el fiscal general Avijai Mandelblit, quien explicó a Netanyahu que era ilegal tomar una decisión de esa envergadura – que también postergaría las elecciones del 17 de Septiembre – en base sólo a consultas telefónicas, sin reunir al gabinete para que este pudiera escuchar al comandante en jefe de estado mayor y al comandante del servicio de seguridad y luego decidir si lanzar o no la campaña.
Las elecciones se realizaron con relativa calma en todo el país y las acusaciones de fraude posible, previas a la elección, parecen no tener base en la realidad. De los 29 partidos políticos que se presentaron a esta elección, 9 lograron enviar representantes al parlamento.
El resultado no es definitivo pues falta el recuento de los votos de los soldados y pueden darse cambios marginales. En 24 horas más habrá un resultado final.
Sin embargo el resultado casi final demuestra en forma práctica lo trabado del sistema. Ni Gantz, ni Netanyahu lograrán formar coaliciones de Gobierno de derecha o de centro-izquierda y Liberman se ha convertido en actor central.
Nadie está interesado en una tercera elección para destrabar el sistema, lo que requeriría reformas profundas. Éstas necesitarían del apoyo también de los partidos pequeños, que no están interesados en suicidarse políticamente. Por lo tanto, la propuesta de Liberman de establecer un gobierno de coalición que incluya al Likud y Azul y Blanco – y también a Israel Beiteinu – es una posibilidad. Pero aquí la traba consiste en que Gantz y los líderes de Azul y Blanco han declarado repetidamente que no participarán en un gobierno liderado por Netanyahu. Por otro lado el Likud insiste en que Netanyahu es su líder elegido y no hay motivo para reemplazarlo.
Mario Sznajder, PhD
Professor Emeritus - Political Science
The Hebrew University of Jerusalem
Israel
E-mail: mario.sznajder@mail.huji.ac.il